DOMINGUERAS XXIV
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ARTÍCULO 119 de nuestra Constitución Nacional:
“La traición contra la Nación consistirá únicamente en tomar las armas contra ella, o en unirse a sus enemigos prestándoles ayuda y socorro. El Congreso fijará por una ley especial la pena de este delito”.
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Columna de Opinión de César Malato.

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LA TRAICIÓN DE MILEI Y PULLARO.
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La histórica ruina de nuestra Argentina hace síntesis en el hecho recurrente de que muchos Dirigentes encumbrados creen que traición, colonia y Patria pueden ir de la mano.
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Milei y Pullaro nos arruinan.
Hay épocas en las que un pueblo sabe que algo anda mal. No hace falta mirar estadísticas. Alcanza con recorrer un barrio, entrar a un comercio vacío, hablar con un jubilado, escuchar a un docente, mirar a los ojos a un pibe sin trabajo o a una madre que ya no sabe cómo estirar el plato de comida.
La Argentina atraviesa uno de esos momentos.
Pero el problema no es solamente económico. También es cultural. Nos bombardean las veinticuatro horas del día con operaciones mediáticas, noticias falsas y una realidad cuidadosamente fabricada para que dejemos de creer en nuestros propios ojos. Quieren convencernos de que el sufrimiento es normal, que el ajuste es inevitable y que la solidaridad pasó de moda.
Trump, Milei, Netanyahu, Bukele, Kast y otros referentes de esta nueva derecha mundial pretenden venderse como los constructores de un nuevo orden. En realidad, representan la vieja receta de siempre: más concentración de la riqueza, más endeudamiento, más autoritarismo, menos derechos y una feroz revancha de clase contra quienes viven de su trabajo. Hablan de libertad, pero solo defienden la libertad de los poderosos.
Lo verdaderamente inquietante es que todavía haya quienes no logran relacionar las decisiones del poder con la vida cotidiana. ¿Qué más hace falta para comprender que cuando se destruyen la educación pública, la salud, los medicamentos, las políticas sociales, la ciencia, las pymes, las cooperativas, las mutuales y la producción nacional, no se está recortando un presupuesto: se está recortando el futuro de millones de argentinos?
Las evidencias se acumulan. El escándalo de Libra, las denuncias en ANDIS, los viajes políticos financiados con recursos públicos, funcionarios sospechados de corrupción y legisladores sorprendidos con dinero que no pueden explicar son apenas algunas postales de un modelo que ya muestra demasiado.
Esta misma semana Javier Milei viajó a Brasil para insultar al presidente Luiz Inácio Lula da Silva y a la Corte Suprema de ese país, mientras respaldaba políticamente al bolsonarismo con plata de todos los argentinos. También cruzó a Perú para apoyar a Keiko Fujimori, hija de un expresidente condenado por violaciones a los derechos humanos y por quebrar el orden democrático. Y continúa subordinando la política exterior argentina a los intereses de Donald Trump y Benjamín Netanyahu.
Nada de eso es casual. Todo forma parte de una misma concepción del mundo.
Después nos preguntamos por qué crece la pobreza, la desocupación, la desesperanza de los jóvenes, los problemas de salud mental o la violencia social.
El ajuste entra por el bolsillo. Pero también entra por la cabeza. Nos quieren resignados. Convencidos de que no hay alternativa. De que la política no sirve. De que el otro es un enemigo y no un compañero de destino.
En Santa Fe tampoco estamos mejor.
Maximiliano Pullaro eligió que la obra emblemática de su gestión sea una cárcel llamada “El Infierno”. Ciento cuarenta y tres mil millones de pesos para construir un símbolo del castigo, mientras miles de santafesinos esperan respuestas en educación, salud, producción, vivienda y empleo. Cuando un gobierno elige cuál será su obra más importante, también está diciendo cuáles son sus prioridades.
Por eso es imprescindible, como suele decir Víctor Hugo Morales, trabajar de ciudadanos. Leer. Dudar. Verificar. No dejar que el algoritmo piense por nosotros. Defender el pensamiento crítico como quien defiende la última trinchera de la democracia.
Han vaciado la política de representación y de contenido. Cada vez hablan menos los trabajadores, los docentes, los científicos, los estudiantes, los pequeños empresarios, los cooperativistas, los mutualistas y los productores. Pero hay una verdad que ninguna campaña publicitaria puede ocultar: los resultados de estos gobiernos son una catástrofe social.
Frente a ese panorama no alcanza con indignarse. Hace falta volver a construir comunidad, organización, solidaridad y esperanza. Hace falta recuperar la rebeldía democrática. Porque ningún pueblo salió adelante compitiendo entre sí. Los pueblos salen adelante cuando vuelven a encontrarse.
El próximo 6 de agosto será una fecha decisiva. La llamada ley de inviolabilidad del territorio pretende abrir la puerta para que tierras, minerales, reservas de agua dulce, mares y recursos estratégicos argentinos puedan quedar en manos de intereses extranjeros.
No es una discusión técnica. Es una discusión sobre la Patria.
Por eso hay que estar en la calle. Porque la soberanía no se declama: se defiende.
Y quienes levanten la mano para entregar el patrimonio nacional deberán saber que los pueblos tienen memoria. La historia podrá tardar, pero siempre termina pasando lista.














