Pueden matarte por la piel, expulsarte por la fe, arrancarte de la tierra que abrazabas”. (Luz. Ciro y los Persas).
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El combustible que vincule nuestras luchas.
Hay pasiones que nos sacan de la comodidad de nuestras pantallas, de la soledad de nuestros livings, de nuestros trabajos y de nuestras preocupaciones cotidianas. Hay momentos en los que un pueblo entero vuelve a ocupar las calles para abrazarse, cantar, emocionarse y sentirse parte de algo mucho más grande que cada uno de nosotros. Eso volvió a ocurrir con la épica remontada de nuestra Selección Argentina, esa misma a la que muchos ya daban por terminada. Messi, Scaloni, la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia y un grupo de jugadores nos recordaron que las gestas colectivas siguen siendo posibles.
Pero la pregunta que debemos hacernos es otra. ¿Podemos dejar que esa pasión se agote en un festejo futbolero o somos capaces de convertirla en el combustible que vincule todas nuestras luchas? Nosotros creemos que sí. Creemos que existe un hilo conductor entre la emoción que sentimos cuando gana Argentina y la defensa de nuestras causas nacionales, de nuestra soberanía, de nuestros derechos y de nuestra Patria.
Porque mientras celebrábamos, el poder siguió haciendo su trabajo. Y precisamente ese es el mayor triunfo que persigue: que no vinculemos una cosa con la otra, que disfrutemos sin mirar alrededor, que la alegría popular nunca se transforme en conciencia política.
Desde que comenzó el Mundial, el gobierno de Javier Milei avanzó con decisiones de enorme gravedad. Renunció Manuel Adorni en medio de los cuestionamientos por la imposibilidad de justificar su patrimonio, mientras los diputados de gobernadores aliados, entre ellos Maximiliano Pullaro, habían impedido previamente su interpelación. El Congreso sancionó la denominada Ley de Inocencia Fiscal; comenzó la aplicación del Decreto 461/2025 que disuelve la Dirección Nacional de Vialidad, junto con la Agencia Nacional de Seguridad Vial y la Comisión Nacional del Tránsito; avanzó el desguace del INTA y el vaciamiento del INTI; y el Senado debatió modificacione
Al mismo tiempo seguimos naturalizando la represión contra jubiladas y jubilados cada miércoles frente al Congreso. Seguimos aceptando que el Obelisco sea vallado para impedir que el pueblo festeje, como si hasta la alegría pudiera privatizarse. Seguimos tolerando una violencia institucional que dejó al adolescente Lucas Matías Véliz al borde de perder un ojo por un proyectil disparado por la Policía de la Ciudad.
Y como si la historia quisiera interpelarnos una vez más, mientras Argentina volvía a enfrentar a Inglaterra en una cancha, el Gobierno firmó el Decreto 590/2026 para habilitar un concurso internacional de exploración petrolera en el área offshore CAN_200 a partir de una iniciativa de la empresa británica Challenger Energy Group PLC. Todo esto ocurre mientras avanza el proyecto Sea Lion, impulsado por Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration, que prevé producir entre 150.000 y 200.000 barriles diarios en las Islas Malvinas. ¿Cómo no vincular el fútbol, Malvinas y la soberanía? ¿Cómo no recordar a nuestros pibes de Malvinas cuando todavía siguen entregando nuestros recursos estratégicos en el Atlántico Sur?
Por eso creemos que el poder necesita mantener separadas nuestras pasiones de nuestras luchas. Necesita que la emoción nunca se transforme en organización, que la épica nunca se convierta en resistencia y que el orgullo de ser argentinos no desemboque en la defensa de nuestra soberanía y de nuestros intereses nacionales.
Nosotros proponemos exactamente lo contrario. Queremos vincular esas pasiones, hacer de esa energía popular el combustible de una resistencia civil, colectiva, organizada y profundamente democrática. Queremos que esa argentinidad que vibra con la Selección también abrace a Malvinas, a nuestros jubilados, a la universidad pública, a la ciencia nacional, a nuestros recursos naturales, a nuestros trabajadores y a cada derecho que hoy está siendo atacado.
Como escribió Raúl Scalabrini Ortiz en 1942: “Todo lo que no se legisla explícita y taxativamente en favor del más débil, queda implícitamente legislado en favor del más fuerte.” Y también nos advirtió: “Hay gente que olvida su propia patria para simpatizar con patrias ajenas.”
Ha llegado el momento de volver a vincular nuestras pasiones con nuestro destino colectivo. Que la épica, el sacrificio, el trabajo en equipo y el coraje que admiramos en nuestra Selección nos inspiren a reconstruir un gran Proyecto Nacional. Recuperemos el timón de nuestras decisiones, defendamos nuestros recursos estratégicos y animémonos a pelear por una Argentina para todos y todas.
Con el corazón, con la garra y con la convicción de que todavía podemos dar vuelta el partido. Porque, como nos enseñó esta Selección, los pueblos nunca están derrotados mientras conserven la voluntad de luchar.
¡Aguante Argentina! ¡Aguante la Patria! Acá nadie se rinde.














