Héctor Amichetti.
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Hace 100 años nació Fidel Castro en Cuba, por entonces Juan Perón tenía 31 años, veinte años después encabezaría un gobierno revolucionario en Argentina.
En 1955 fue violenta y sangrientamente derrocado Perón e interrumpido el extraordinario proceso de transformación en favor de la nación y de las mayorías populares. Cuatro años más tarde Fidel encabezaba una revolución triunfante en Cuba.
Luego de 18 años de heroica resistencia e injusto exilio, los argentinos recuperamos la democracia y Perón retornó al gobierno.
La Revolución Cubana ya sufría el injusto bloqueo de los Estados Unidos, que al mismo tiempo operaba con invasiones y golpes militares para impedir una integración de gobiernos populares en Nuestra América.
En un gran gesto de patriotismo latinoamericano, Juan Perón desafía ese bloqueo imperial otorgando un crédito por un monto total de 1200 millones de dólares que le permite al gobierno de Fidel adquirir maquinaria agrícola y autos fabricados por empresas radicadas en nuestro país.
El 24 de febrero de 1974, Perón le envía una carta a Fidel que le es entregada en mano por el ministro José Gelbard, quien ancabezaba una delegación argentina que viajó a la isla caribeña.
En esa carta, el líder argentino le decía -entre otras cosas- al líder cubano:
“Estimado amigo: Justamente hoy se cumplen 28 años del día en que asumí la primera magistratura del país, dando un paso en la evolución con un movimiento revolucionario basado en la Justicia Social. Movimiento que perdura en el tiempo y en el espacio, puesto que nuevamente, pese a mis años, estamos firmes resolviendo el futuro de nuestra Patria, buscando salvarla del desastre en que un desgobierno de dieciocho años la ha sumido.
“… En todas las clases de relaciones humanas, la verdadera fraternidad se demuestra no con palabras sino con hechos fehacientes. Nosotros los justicialistas tenemos un aforismo que dice: “Mejor que decir es hacer; y mejor que prometer, es realizar”.
Las revoluciones no pueden ser idénticas en todos los países porque tampoco todos los países son iguales, ni todos los pueblos tienen la misma idiosincrasia. Es preciso que cada uno actúe dentro de su soberanía con sus propios métodos.
Pero es indudable que la necesidad de una unidad latinoamericana será la única posibilidad de libertad real para nuestro continente. A esta meta debemos concurrir todos de inmediato, para poder elevar nuestra voz con seguridad y respaldo en el seno de ese Tercer Mundo que garantizará nuestro desarrollo futuro y la libertad en lo económico, político y social”.
Tanto usted amigo Fidel, como yo, llevamos muchos años de permanente lucha revolucionaria. Ello otorga una experiencia invalorable que es preciso transmitir a la juventud, para evitarle atrasos que se pagan siempre con dolor y sangre, inútilmente. La pujanza viril de la vida joven, para rendir verdaderos frutos a la Patria, debe ir acompañada de la cuota de sabiduría que otorga la experiencia”.
Fidel le responde con otra carta en la que le dice a Perón:
“Estimado amigo: ha sido para mí extraordinariamente agradable recibir de manos del Ministro doctor Gelbard su amistosa carta redactada -como usted lo recuerda- en fecha grata y memorable para usted y su país, que coincide casualmente con una fecha muy venerada por los cubanos, el día del inicio de la última contienda por la independencia frente al poder español, el 24 de febrero de 1895”.
“…No hay mejor respuesta latinoamericana para el bloqueo que los acuerdos de la República Argentina con Cuba”.
“…Me complace manifestarle nuestra plena coincidencia con su criterio sobre la necesidad de una real unidad latinoamericana como la sola vía posible para la libertad completa de nuestros pueblos y para que América latina juegue el papel que le corresponde en el mundo. Siempre Cuba luchará por el logro de esa unidad, que concebimos, igual que usted, como una confluencia en que, por diversos caminos, países distintos, con diversa idiosincracia, y actuando en el ejercicio de su soberanía y con sus propias concepciones, lleven a la práctica la Revolución”.
Ha transcurrido más de medio siglo de ese gran gesto argentino que motivó el intercambio de conceptuosos mensajes entre Perón y Fidel; Cuba sigue bloqueada y bajo la amenaza de Trump que reaviva aquella doctrina imperial de una América Latina sometida al interés estadounidense, un encadenamiento sin igual de gobernantes cipayos colaboran a tal fin.
El desafío de la Revolución Cubana es resistir todo lo que se pueda con la solidaridad de organizaciones y pueblos de todo el mundo.
El desafío del Peronismo es recuperar su concepción revolucionaria convocando a un gran Frente Nacional y Popular capaz de volver al gobierno y fundamentalmente conquistar el poder.
Juan Perón y Fidel Castro nos siguen alentando desde la eternidad, su legado está hoy más vivo que nunca.














