Por Gus Reimon
En un país donde millones de argentinos hacen malabares para llegar a fin de mes, el vocero presidencial Manuel Adorni parece haber descubierto una nueva disciplina económica: gastar cinco veces más de lo que gana… y que no pase nada.
Según registros de consumos con tarjetas de crédito que circularon públicamente, el funcionario —cuyo salario ronda los $3.500.000 mensuales— habría acumulado gastos cercanos a los $17.000.000 en un solo mes, sumando consumos propios y de su esposa.
Un fenómeno digno de estudio para cualquier facultad de economía.
O para la NASA.
Porque si los números son correctos, estamos frente a un prodigio de las finanzas personales: una especie del Maradona del déficit doméstico, aunque en lugar de gambetas haga desaparecer las cuentas. Algo así como el Diego de las tarjetas black… pero sin los goles.
Matemática libertaria
La pregunta es simple y brutal:
Sueldo declarado: $3,5 millones
Gastos con tarjeta: $17 millones
Resultado: un pequeño desfasaje de $13,5 millones.
Nada grave, dirán algunos. Apenas el equivalente al sueldo anual de varios trabajadores argentinos.
Pero en la nueva matemática del poder parece que los números cierran aunque no cierren.
El viaje, los gastos y la casta
El episodio además llega después de otra controversia: el viaje a Nueva York en el avión presidencial, que volvió a abrir el debate sobre el uso de recursos públicos en medio del discurso de austeridad del gobierno de Javier Milei.
El mismo gobierno que llegó prometiendo terminar con “la casta”.
Curioso: la casta siempre parece ser la de los otros.
Un silencio que también habla
Hasta ahora, Adorni no ofreció una explicación detallada sobre cómo se financian esos gastos. Tal vez exista una respuesta simple. Tal vez haya ingresos declarados que aún no se conocen.
O tal vez estemos ante un nuevo modelo económico que todavía no figura en los manuales.
Si es así, convendría avisarle al ministro de Economía.
Porque si todos pudiéramos gastar cinco veces más de lo que ganamos, la crisis argentina se resolvería en un fin de semana.
Pero claro:
para hacer magia financiera hay que estar cerca del poder.















