Gus Reimon
La reciente presentación del Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, en el Congreso dejó más interrogantes que certezas sobre el rumbo de la gestión. En una jornada marcada por la tensión institucional, se observaron tres puntos críticos que marcan un precedente peligroso:
El Silencio Oficialista: Resulta inexplicable que el bloque de La Libertad Avanza no haya realizado preguntas a su propio Jefe de Gabinete. ¿Falta de coordinación o un síntoma de aislamiento político?
Tensión de Poderes: La presencia del Ejecutivo en el recinto, con un tono confrontativo hacia los legisladores, desvirtúa la naturaleza republicana de la rendición de cuentas.
La Moción de Censura: Amparados en la Constitución de 1994, diputados como Martínez y Juliano han solicitado la remoción del funcionario. Un mecanismo extremo para una gestión que parece no hallar su eje técnico ni institucional.
En resumen: Entre el desorden económico y la fragilidad parlamentaria, la Jefatura de Gabinete hoy se mostró como un fusible desgastado más que como un puente de gestión.
















