Por Gus Reimon
La escena en Comodoro Py este martes no fue la de una acusada buscando clemencia, sino la de una dirigente política que, incluso bajo una detención que ella y su espacio político califica de arbitraria e injusta, pretende dictar los términos de su propia historia. En su declaración presencial ante el Tribunal Oral Federal N°7, Cristina Fernández de Kirchner transformó su indagatoria en una pieza de comunicación política donde el eje no fue la impugnación total de un sistema que denuncia como persecutorio.
- La nulidad como bandera técnica contra el Lawfare
El análisis profundo de su discurso revela una estrategia jurídica centrada en desarticular la validez del proceso mismo, el cual considera una herramienta de persecución política (lawfare).
El peso de las pericias: Al citar las alteraciones detectadas en los manuscritos (tachaduras y sobreescrituras), la exmandataria busca que el tribunal no pueda ignorar que la “prueba madre” es, en sus palabras, una “fabricación” viciada de nulidad.
La coacción de la libertad: Su crítica a la Ley de Arrepentidos no fue solo legal, sino ética. Calificó el proceso de instrucción como un mecanismo de coacción, donde se utilizaron las prisiones preventivas para extorsionar confesiones y construir una narrativa contra su figura, un elemento central para sostener la tesis de una detención injusta basada en testimonios direccionados. - El factor político: El juicio como instrumento de Proscripción
Cristina introdujo una variable potente al vincular el juicio con el escenario político y social. Al afirmar que “cuando no se le da pan y trabajo al Pueblo, el Partido Judicial le da circo”, intenta conectar el proceso judicial con un intento de distracción masiva y disciplinamiento político.
Estrategia: Para sus seguidores, este juicio no es sobre corrupción, sino sobre la proscripción de la líder más popular del peronismo. La tesis es que la injusticia de su arresto busca debilitar el proyecto político que ella representa. - La denuncia de la condena predeterminada
“Con este Poder Judicial puedo morir presa”. La frase, cargada de dramatismo, sintetiza su visión de que enfrenta un tribunal parcial. Cristina no parece esperar una absolución técnica en Comodoro Py; su objetivo es la deslegitimación anticipada de un veredicto que considera viciado.
Al declarar que “la sentencia ya está escrita”, posiciona el juicio como un trámite formal de un sistema que busca, a toda costa, su eliminación política y su encarcelamiento injusto, ratificando que el fallo final será histórico y no puramente judicial. - El silencio como acto de resistencia
Un detalle no menor fue su negativa a responder preguntas. Esta decisión se interpreta no solo como un desacato, sino como un acto de resistencia simbólica ante lo que considera un sistema de justicia viciado. Al no prestarse al interrogatorio de los fiscales, Cristina reafirma que no reconoce la legitimidad del proceso que la mantiene detenida, transformando su paso por el tribunal en un monólogo de denuncia contra la persecución.
Balance y Perspectivas
Cristina Kirchner no le habló a los jueces; su destinatario fue la historia y su militancia, que denuncia sistemáticamente la injusticia de su situación. En una Argentina marcada por la polarización y una crisis persistente, la exmandataria eligió el estrado para reafirmar que su lucha no es solo en los tribunales, sino en la memoria política del país.
El juicio de Cuadernos entra ahora en una etapa de desgaste, pero la jornada de hoy dejó en claro que la narrativa de la defensa ha evolucionado de la explicación técnica a la denuncia de un plan de proscripción y persecución política a través de una detención injusta, ante un sistema que ella considera agotado y parcial.














