Por Juan Carlos Lopaczuk
(Profesor de Historia y Periodista)
Recuperar al Eternauta que hay en todos para construir el futuro.
La serie “El Eternauta” protagonizada por Ricardo Darín y realizada por Netflix es un fenómeno de alcance mundial. Su protagonista es Juan Salvo (Darin), un ex combatiente de Malvinas que lucha contra sus propios recuerdos de la guerra.
Ante un colapso apocalíptico, Salvo apela a la construcción colectiva. Ante un contexto devastador, no se salva solo, cree en la comunidad y resalta los valores de la amistad y la lealtad Con guiños a la argentinidad, la serie resalta lo nuestro y apela al ser nacional.
Juan Salvo, no abandona y se refugia en los lazos colectivos. Se arriesga para salvar a los mas indefensos y trata de mantener la dignidad en un contexto en donde el desastre y el caos se apoderan del mundo.
Su relación con los suyos no lo excluye de solidarizarse con extraños e intentar una salvación comunitaria. Salvo mantiene sus convicciones mientras lucha contra sus propios demonios. Se arriesga para salvar a su hija en medio de recuerdos nubarrosos pero vuelve a sus amigos para construir una salida. Cuando ve que todo esta en peligro recurre a la esperanza para dar ánimo y valor. En medio de la incertidumbre, Salvo confía a pesar de sus dudas, ya que sobrepone la causa de la sobrevivencia de todos por encima de lo individual.
En un contexto actual argentino complicado para lo colectivo. Donde se hace alarde de la crueldad y el egoísmo. La recuperación de la obra de Héctor Oesterheld es un aire fresco. El héroe colectivo vuelve a dimensionarse y la esperanza hace su aparición nuevamente.
Tenemos que ser un poco eternautas en estos tiempos de fascistas y hambreadores. Fortalecer lazos y resaltar lo colectivo. El “nadie se salva solo” es un premisa a revalorizar. Como Salvo que con sus propias batallas libra una más grande, que es la de la salvación de todos por encima de la suya individual. A ser eternautas y buscar la esperanza del futuro colectivo.















